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Parajes

 

Imágenes y apuntes sobre topónimos y parajes de los Términos Ð Madrona

 

Buscad la belleza; es la única protesta que merece la pena en este asqueroso, asqueroso mundo (Ramón Trecet).

 

 
Madrona 139 registros
 
Perogordo 62 registros
 
Torredondo 64 registros
   
Bernuy Ð Río Milanos 38 registros
El paisaje pertenece a quien sabe mirarlo... y cuidarlo
La Rumbona 20 registros
     
Escobar Ð Tardajos 30 registros
total: 404 registros
Valsequilla 51 registros

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Presentación

 

El propósito de esta sección es la divulgación de textos e imágenes sobre los parajes, topónimos, hidrónimos y orónimos e que conforman los términos de Madrona.

Con dos anejos y varios caseríos, con la geografía variada que le otorga su enclave de piedemonte, podemos encontrar en ellos cierta belleza si nos acercamos en tiempo y forma, y si acertamos en el mirar.

Estoy convencido de que muchas veces no es determinante el dónde te encuentres, sino el cómo y con quién se está. Ver no es suficiente. Saber mirar, saber fijarse, predisposición a percibir... abren extensiones inabarcables de belleza y placer.

Cuando las células se encuentran en estado de sosiego, cuando el organismo alcanza cierto equilibrio, podemos aspirar a un tipo de felicidad que no depende de terceros y que ya definió Aristóteles: aquella que se puede alcanzar mediante la contemplación de lo bello, allí donde se encuentre.

Este trabajo es sólo una búsqueda; su única aspiración es la de proporcionar alguna pista cierta sobre lugares donde, a mi parecer, es posible satisfacer al menos en parte, ese anhelo, esa necesidad de vinculación con la Naturaleza, mediante una complacencia sin interposiciones ni medianías.

 

1.- Toponimia. ¿Quién pone nombre a los parajes?

 

Los topónimos del campo son nombres de zonas, lugares o enclaves que, debido a un uso consensuado, han pasado a ser considerados como oficiosos en la comunidad o grupo social relacionado directamente con la zona que se nombra. Durante esa primera fase de uso, su documentación es escasa o inexistente.

En esta primera fase ya surgen las primeras desviaciones respecto al término gramaticalmente correcto, debido a deformaciones en el habla.

Se trata de deformaciones consentidas, a despecho del consenso general, que a veces acaban sustituyendo al término correcto, porque entre los interesados que los manejan, no se cuestiona si el vocablo es apropiado o correcto.

En una segunda fase ya constan en documentos tanto privados, como son los de compraventa o alquiler de inmuebles; o colectivos, como son los apeos de las propiedades.

En su incorporación a los documentos, bien sea, según cada época, un escribano, un fiel de fechos, un secretario o un notario, es frecuente que traslade al papel palabras que son meros localismos, sin ningún uso ni utilidad fuera de ese contexto.

Este es un filtro importante que, sin embargo, falla, puesto que los documentalistas, allí donde ejerzan su actividad, tienen la obligación de no crear lenguajes paralelos, jergas o reproducir términos inexistentes en el idioma oficial.

En una tercera fase llegan los cartógrafos dispuestos por encargo a recopilar la toponimia de cada lugar. Bien, pues a pesar de que se les supone cultural y técnicamente preparados para su trabajo, a menudo trasladan los mismos errores a sus mapas, o incluso los crean.

Por ejemplo, el arroyo del Valladar consta de forma correcta en la cartografía más antigua; sin embargo, en la moderna, consta como Arroyo del Vallador, término incorrecto que además no existe y nada significa. Lo mismo ocurre con el Arroyo de Valdepollos, donde los cartógrafos han consignado Valdepoyos.

Las Cucurujadas en Madrona y Las Cucujadas en Torredondo son otros casos, cuyo término correcto es Cogujadas, para el que el DRAE nos da este significado: pájaro de la misma familia que la alondra y muy semejante a esta, de la que se distingue por tener en la cabeza un largo moño puntiagudo. Es muy andadora y anida comúnmente en los sembrados.

Por eso la cartografía oficial tampoco es unívoca. Y en este apartado interviene asimismo un tercer actor muy importante: el Catastro.

La toponimia de su cartografía es coincidente casi al completo con la popular y tradicional.

Es una herramienta de muchísimo valor porque su registro garantiza la preservación de cada topónimo y contribuye a su caracterización histórica.

En la relación que aquí se ofrece se intenta poner en claro, en la medida de lo posible, el origen del topónimo.

También se ofrece cartografía de distintas fuentes: SIGPAC, IGME, IGNE y la del Catastro.

Otras veces, se nota la gracia del cartógrafo o agrimensor, cuando transforma por antojo un topónimo.

Es el caso del Río Milanos, que por arte de ingenio, pasa a ser Milanillos. Se comprueba la desidia y la falta de profesionalidad cuando estos errores se repiten y multiplican, ya en los ámbitos oficiales, sin que ningún supervisor o responsable ponga un poco de profesionalidad común en la consignación oficial de la toponimia.

Por tanto, ni escribanos, ni fieles de fechos, ni notarios, no cartógrafos, ni cronistas, ni apeadores, ni registradores públicos o privados ayudan a depurar solecismos, localismos, deformaciones sintácticas, particularismos, ocurrencias llevadas a papel… con lo cual el carajal, en lugar de disiparse, se multiplica (regajal pasa a reajal y éste a riajal, etc.).

Si Fuente Alba se acuerda (caso real en Madrona, por ejemplo) para que no se solape con Fuente Blanca, asignado a otro paraje, es procedente y evita la confusión.

Si después los paisanos, o quien sea, aplican un diminutivo y empiezan a llamarla Albilla, pues no deja de ser una ocurrencia que inicia una perversión del término correcto.

Pero si de ahí, por deformaciones en el habla, ocurrencias o lo que fuere, pasa a ser Ervilla… y así se consigna en documentos oficiales… creo que tenemos un problema.

Fuente Alba es un topónimo universal, con significado, entendible e intercambiable, en una comunidad de hablantes que comparten un idioma común y consolidado. Imaginemos que, por la misma ocurrencia, a las mujeres de nombre Alba, las nombramos Ervilla por idéntico proceso y razón.

En consecuencia, en este trabajo y por lo que a mí respecta, he procurado subsanar todos los topónimos deformados y volverlos a su origen, es decir, a cuyo es.

 

2.- La Dehesa Boyal está integrada por 7 fincas que contienen a su vez varios parajes.

 

Debido a su importancia, además de figurar en este trabajo, también dispone de espacio exclusivo en

___Cuaderno Ð Madrona__ al que se puede acceder directamente con este enlace: ___La Dehesa Boyal Ð Madrona__

 

3.- Parajes en términos comarcanos

En este trabajo se presentan algunos parajes que no pertenecen a ninguno de los términos jurisdiccionales de Madrona, como Los Cristóbales (Fuentemilanos); Fuentesalada (de la Diputación Provincial de Segovia), El Hocino (Hontoria) o Peñahoradada (La Losa), entre otros.

Todos los no pertenecientes a Madrona mostrados en esta serie y aún otros que vendrán, comparten vínculos y características sociales, de usos, costumbres y otras con sus linderos de Madrona.

Se trata de lugares que, independientemente de su adscripción administrativa actual (variable a través del tiempo), son para muchas personas de Madrona tan familiares como los propios, debido a su vinculación social, histórica y cultural.

Contienen las siguientes características:

1º.- Son parajes fronteros del término de Madrona. Comparten cotos, lindes, vegetación, relieve, caminos, ríos, arroyos, serventías… vientos y tempestades y estos agentes no entienden de líneas de divisiones administrativas según los artificios de los seres humanos.

2º.- En todos ellos hay parcelas que pertenecen a personas de Madrona; ya sean tierras de labor, de monte u otras.

3º Son lugares por cuyos caminos transitan fundamentalmente, bien por obligación bien por ocio, los vecinos de Madrona.

En ninguno de mis recorridos me he encontrado a alguien de alguno de los pueblos antedichos.

Puede que también se deba en parte a que, por lo general, a ellos estos parajes les caen más a trasmano que a nosotros.

4º.- En todos los casos comparten caminos, cordeles, carreteras, ríos, arroyos… y en su mayor parte, como se puede comprobar en las imágenes, están mejor conectados visualmente con Madrona que con las poblaciones a las que pertenecen.

En definitiva, creo que se trata de argumentación bastante para que formen parte de esta serie, sin ningún otro afán que el de extraer de ellos su belleza, su disfrute y poner en valor su vinculación secular con el pueblo de Madrona.

 

4.- Una referencia de valor

 

En la Comunidad de Galicia, sus dirigentes, y por tanto la sociedad de la que provienen, son de los más sensibilizados respecto a la ecología, la vegetación y el paisaje.

De hecho, es una de la pocas que dispone de su propia Ley de Montes en Mano Común, similar a la estatal.

Respecto al tema de esta sección, también disponen de una ley destinada a la protección de los paisajes y no puedo por menos que reproducir un texto de su parte expositiva, por si en algo nos sirviera a nosotros.

Ley 7/2008, de 7 de julio, de protección del paisaje de Galicia. Referencia: 2008/14097. BOE núm. 201. Miércoles 20 agosto 2008.

La Comunidad Autónoma de Galicia es hoy consciente de la importancia de nuestros paisajes y del deber que tenemos en preservarlos, porque se trata de un recurso patrimonial incuestionable que participa del interés general en los aspectos ecológicos, culturales, económicos y sociales.

El paisaje proporciona el marco idóneo en su concepción holística para abordar la comprensión y el análisis del territorio, de las políticas de desarrollo sostenible necesarias para su puesta en valor y de los procesos ecológicos que en él tienen lugar. Porque el paisaje es un elemento fundamental de la calidad de vida de las personas y por ello también debe ser el fiel reflejo de un territorio y de un medio ambiente de calidad, de una sociedad moderna y consciente de la importancia de su patrimonio natural y cultural, de una sociedad en relación armónica con el medio donde primen el uso racional del territorio, el aprovechamiento sostenible de sus recursos, un desarrollo urbanístico respetuoso y el reconocimiento de las funciones principales que juegan los ecosistemas naturales.

Una de las nuevas disciplinas más interesantes es la ecología del paisaje, constituyendo hoy una poderosa herramienta para la ordenación del territorio con criterios de sostenibilidad ecológica. Resulta además de especial interés para diseñar áreas protegidas, para comprender la evolución y la perturbación que sufren los ecosistemas naturales y la diversidad biológica, y especialmente para comprender y analizar las causas de la artificialización y degradación de los paisajes.

(Concepción holística. Holismo.(De holo- e -ismo).1. m. Fil. Doctrina que propugna la concepción de cada realidad como un todo distinto de la suma de las partes que lo componen.)

Uno lee esto e, inmediatamente, la impresión que le sobreviene es la de que en Segovia nuestros dirigentes hacen, al menos en lo concerniente a los términos de Madrona, todo lo contrario, al pie de la letra, del texto precedente.

Y con una tradición bien consolidada.

En esta sección, a veces (no siempre, por evitar más lamentos) se incluye un apartado que hace al caso con el título de Ojo Crítico, o simplemente en cada entrega se ponen de manifiesto agresiones a nuestro paisaje, como las que perpetran impunemente las compañías eléctricas.

También, para certificar lo afirmado, se puede leer este reportaje: Depredación en el cuadrante suroeste

 

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— Gaston Paris (filólogo francés del siglo XIX, citado por Llorente Maldonado en Toponimia e historia):

No puede haber nada más precioso, más interesante, me atrevería a decir más apasionante,
que estos nombres que reflejan, quizás, la primera impresión que a los ojos y al alma de los hombres que la habitaron causó... esta tierra en la que vivimos y a la que amamos.

(págs. 40-41).

— José Santos de la Iglesia (Itxina. Toponimia, paisaje, vivencia):


Cada lugar tiene su nombre. Son palabras que la memoria atesora, asideros del ser humano, útiles para no extraviarse en la desolada penumbra del olvido. Símbolos sonoros –ligados a espacios tangibles– que le unen a su historia y a sus gentes.

(pág. 35).

 

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