|  El Soportal          

Plaza Mayor -- Rutas Sentimentales -- Pretextos -- Fotografías -- Genealogías - Parajes

Parajes - Bernuy Ð Río Milanos

 

 

Los Berrales - 1

 

Este topónimo aparece en prácticamente la totalidad de la cartografía oficial como nombre de un paraje, si bien hay que entenderlo como un subparaje o enclave comprendido en el paraje general de Sotopalacios.

Por lo que respecta al Catastro, aunque identifica el topónimo en su cartografía, no adscribe ninguna de las fincas a este paraje.

De otra parte, como se encuentra en un polígono independiente del de Bernuy y del de La Rumbona, la adscripción a uno u otro término queda a voluntad de quien lo quiera interpretar.

Dado que es un enclave que ha pertenecido a la cultura de varias generaciones, tiene justificada una mayor extensión en esta serie.

Nos gustaría saber en qué se han basado los cartógrafos, o qué información tenían para incluir este enclave, cuya importancia ha trascendido de lo meramente local para elevarse a toda la infografía oficial.

Los Berrales es un área reducida, que ocupa el meandro del río Milanos, jalonada por fresnos veteranos con una superficie de prado siempre verde.

Es fácil deducir que el origen de este topónimo está en el río Milanos, que desde Bernuy hacia abajo se nutre de unos manantiales propios que impiden su desecación en el estío.

Con toda seguridad conoció épocas en las que estas aguas ofrecían el manjar culinario que le da nombre.

Los berros son plantas acuáticas superficiales que imponen una condición decisiva para su desarrollo: al igual que los perifollos, exige corrientes de aguas limpias y constantes.

Pero en Madrona se le conoce sobre todo por dar nombre a un bodón del antedicho río que tiene cierta historia para varias generaciones de este pueblo, y que en parte tenemos descrito en este Soportal.

Los Berrales fue el bodón con más empaque e importancia de toda la colección de bodones de Madrona.

Sin embargo, su épica es inversamente proporcional a sus dimensiones.

Era un bodón formado en un estrechamiento del río y debido a esto sus aguas formaban una corriente de mucho empuje, y fluían rápida y disuasoriamente para curiosos e inexpertos.

A su vez, era el más profundo de todos; permitía lanzarse de cabeza en vertical sin riesgo de tocar su fondo de arena.

Esta profundidad y la precitada corriente desalentaban de su disfrute a quienes no sabían nadar bien.

Además, su épica se acrecentó por otra particularidad: allí se podían capturar los peces de mayor tamaño de todo el río Milanos.

Se capturaban metiendo los brazos y parte del cuerpo entres las raíces de sus profundas cuevas, de las que muchas veces se extraían culebras debido a que las maniobras, nunca mejor dicho, se hacían sin poder ver porque la cabeza por lo general, permanecía fuera del agua y si se sumergía, tampoco se podía ver, ya que el cieno de la cueva se removía y enturbiaba el agua.

Eran culebras de agua, y por tanto sin veneno, pero a veces sus dimensiones, y su tacto, imponían.

Por todo ello, eran muy pocos quienes se atrevían a practicar este tipo de pesca, no catalogado en ningún registro, por lo que podemos acotarlo al paraje de Sotopalacios.

Un verano tuve oportunidad de ver las capturas, tal vez las últimas, que obtuvieron algunos miembros de la tropilla de los hermanos Alberto y Frutos Sonlleva, mostradas a la puerta de la casa de su abuela Isidora, y en verdad que llamaban la atención. Se trataba de ejemplares de barbos y carpas más grandes que las lubinas actuales que venden en los mercados.

Para una manipulación inocua y limpia se les suspendía de grandes juncos que se les introducían por la agalla y salían por la boca.

Me consta, aunque no tuve la oportunidad de verlos en faena, que los hermanos Del Pozo Bernardo, del Caserío de La Rumbona también ejercieron esta modalidad pesca directa para cuyo éxito desarrollaron habilidades de cierta especialización.

Y, por último, también tiene Los Berrales su pequeña leyenda.

Se le atribuía a este bodón cierto remolino pérfido y traidor, capaz de tragarse y llevar hasta no se sabe dónde a cualquier humano que por descuido, inexperiencia o bravuconería se confiara a su corriente más de lo debido. Fue un argumento que funcionó a la perfección en cuanto que muchos, todos chicos, porque las chicas ni se aproximaban, optaran por excluirlo y apostar, acertadamente, por el bodón vecino de La Presa.

En lo que a mí respecta, en las veces que en él me bañé, y me lancé de cabeza desde el talud (topera decíamos) al lado del fresno que lo presidía, nunca experimenté nada fuera del placer propio de tal inmersión.

Acudíamos a bañarnos más en plan desafío que para disfrutar puesto que no permitía nadar más que tres o cuatro metros y siempre nos estorbábamos entre bañistas.

Pero en nuestro mundillo, el tratar con Los Berrales otorgaba cierto grado. No conocimos nunca ningún incidente, directo o indirecto, al respecto.

En este mismo paraje de Los Berrales también tuvo mucho nombre y éxito el precitado bodón de La Presa, cuyas aguas se acumulaban con mansedumbre debido a un dique construido artificialmente, parecido al que componen los castores, cuya retención otorgaba una enorme superficie de baño, con una profundidad constante de 1,6 metros, aprox.

Era el bodón más grande, acogedor, soleado y de mayor disfrute que cualquier otro de los muchos que ofrecían nuestros ríos.

De aguas siempre limpias y tranquilas, casi quietas, debido al anchor del cauce, también en los taludes este bodón se capturaban buenos ejemplares, empleando el mencionado estilo Sotopalacios, en las cuevas que se formaban bajo las cepas de los fresnos, de las bardagueras o de las zarzas; unas cavidades enmarañadas de raíces cuyo tacto, añadido al que producían las ovas, generaba unas sensaciones y sospechas que sólo unos pocos, entre los que no me encuentro, podían asumir.

El paraje ha sido de acceso libre durante miles de años, hasta el último cuarto del S. XX, aprox.

Asimismo constituyó un destino muy apreciado para el ocio de los días más castigadores del estío, cuando casi todos los ríos ya habían rendido sus caudales a la dictadura de la sequedad.

De la misma ciudad de Segovia acudían a bañarse y disfrutar del soto y también del pueblo vecino de Fuentemilanos.

Cuando nos bañábamos no teníamos, ni pensábamos, en cámaras de fotos.

Ahora que nos sobran las cámaras y artefactos, no podemos siquiera aproximarnos, porque hace ya tiempo fue vallado por varias cercas de alambres de espinos, que incluso no respetan los límites de las riberas del río ni los pasos de pescador preceptivos por Ley estatal.

Todo ha sido cercado con alambre de espino, como la práctica totalidad del término.

 

* * *

Cartografía del Catastro (suplementada)

 

Cartografía del IGNE

 

Acceso a parajes comarcanos:

Sotopalacios - Valdiruelo

* * *

Parajes
Inicio de página
continúa