| | El Soportal | ||
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| Hornacina XI |
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Hombres buenos, valientes y audaces, de 1491 |
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Esta hornacina es coral, y es muy amplia, similar a la dedicada a la Santas Madronas, y además es doble. Y aun siendo amplia, coral y doble estoy seguro de que me faltan nombres. Nombres que no aparecen pero cuya presencia se intuye, porque los grandes logros nunca son completamente unipersonales. Siempre hay alguien invisible, colateral, silencioso, sin cuya intervención el resultado sería distinto. Pero como eso yo no lo puedo averiguar porque se trata de sucesos ocurridos en 1491, subo a esta hornacina a los que podemos conocer a través de los documentos. Se trata de un proceso judicial corto en el tiempo pero muy complejo, de cuyo soporte documental se da cuenta y se desarrolla en el libro La Dehesa Boyal Ð Madrona, por lo que en esta ocasión no se le da más extensión. Por esos documentos podemos comprobar cómo un puñado de hombres no se resigna a asumir un destino cuya injusticia les destierra de sus propias vidas, de sus raíces, de sus casas, de su pueblo. La poderosa saga Arias Dávila, iniciada con Diego Árias de Ávila o, como aparece nombrado en los textos investigados, Digarias el Viejo, inicia la apropiación indebida del término de Madrona abusando del inmenso poder que le otorga Enrique IV, rey de Castilla. Madrona se queda en 1491 al borde de su completa desaparición porque sólo cuenta con 12 familias, todas ellas renteras de los Árias Dávila. Conocen, además, dos antecedentes inmediatos que pesan en el sentir de los vecinos de Madrona. Se trata de los pueblos de Cristóbales y Bernuy de Riomilanos, ambos situados en el Camino Real de Ávila y en las propiedades de esa familia; los dos se vaciaron y desaparecieron para siempre. La acción de estos hombres no hubiera servido de nada si el procurador de Ciudad y Tierra Gil González de la Lastrilla, con un trabajo ejemplar, no hubiera transmitido el clamor de injusticia al corregidor de Segovia y juez comisario, diputado para los negocios de términos tomados y ocupados García de Cotes, que a su vez desempeñó un papel magistral. Del mismo modo, ha de subir también a esta hornacina, la Reina Ysabel de Castilla, que, en lugar de tomar partido por los poderosos y cerrar el caso sin incomodo, atendió la súplica de impartir justicia y la justicia se hizo. Por ello comparten también esta hornacina. En el libro mencionado da cuenta de cómo las personas que a continuación se relacionan consiguen denunciar esta situación y que su denuncia de los hechos llegue hasta la misma reina Ysabel la Católica, que llama a capítulo a Juan Árias Dávila, primer Conde de Puñonrostro, gracias a la cual se impartirá justicia en el mes de marzo de 1491. A ellos va dedicada esta hornacina, en una muestra de recuerdo, gratitud y reconocimiento a estos hombres que, con todo en contra, impulsados por su valentía y su virtud, cambiaron el destino sentenciado de la desaparición de Madrona. La relación que sigue está ordenada conforme a su aparición en el juicio en el que testificaron. El hecho de que figuren como vecinos de localidades distintas a Madrona se debe a que en ese momento viven desterrados por la acción de los Árias Dávila, por cuanto en su mayoría son naturales de Madrona o aquí vinieron de niños o jóvenes. Todos ellos agricultores, buenos conocedores de los términos de Madrona y, como se trasluce de sus declaraciones, hombres buenos.
Por la parte de Juan Árias Dávila fueron convocados 33, de los que declararon 24. El texto íntegro de su testimonio se recoge en el libro citado. Cada uno de los que forma el primer grupo reúne mérito bastante y aún sobrante, pero incluso dentro de este grupo, algunos sobresalen, como son los casos de Juan de Bernuy, Alonso de Escobar y Andrés Fernández.
Hombres Buenos, e inteligentes, de 1606
Pero la historia real siempre cuenta con más ingredientes, algunos de los cuales a veces podemos conocer gracias a alguien mientras que otros se pierden para siempre, también por culpa de alguien. La historia que narra toda la secuencia de hechos y episodios que tuvieron lugar en Segovia a finales del S.XV se encontraba escrita de primera mano sobre un soporte que, en ya a finales de 1605, es decir unos 116 años más tarde, se encuentra en tan grave estado de deterioro que peligra su existencia. La salvación de estos documentos se debe a la iniciativa del Concejo y vecinos de Madrona, que da cuenta de esta situación a Diego Rodríguez, procurador de causas de la ciudad de Segovia, el cual, a su vez, propone al señor doctor Bedoya Mogrobejo, teniente corregidor en esa ciudad, estando presente el escribano Juan de Cuaco Garay, el rescate de los documentos que contiene debido a la importancia que tienen tanto para la ciudad de Segovia como para el Lugar de Madrona. El señor Bedoya, tras las comprobaciones que estimare oportunas, ordena a Juan de Cuaco Garay ese rescate, que ve la luz el 9 de enero de 1606, que consiste en su transcripción fiel (transcripción concertada y supervisada) en un valioso documento que es el que ha llegado a nuestros días, en reunión con otros, y que forma el libro con el siguiente título y el texto de inicio que sigue:
Apeo del Término Concejil del Lugar de Madrona y sentencia dada en fabor del.
…/… --
En la ciudad de segovia a primero dia del mes de diciembre mill
y seiscientos y cinco años ante el señor dotor bedoya
mogrobexo teniente de corregidor en la dicha ciudad y su tierra
por su magestad y ante mi juan de cuaco garay escrivano publico
del numero de la dicha ciudad y su tierra por su magestad parecio
diego rrodriguez procurador de causas y en nombre del conçejo
de madrona presento la petición del tenor siguiente ----- …/…
Antonio
Calvo (vecino, tal vez representante, de Madrona) |
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Fernando Ayuso Cañas. Mayo 2018. |
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