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| Semana Cultural Ð Madrona 2026 - Del 18 al 26 de julio |
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Marcha nocturna por los alrededores Lectura de leyendas y anécdotas curiosas del ayer Noche del 21 de julio - 1 - |
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Con el propósito de dar a conocer diversas peculiaridades de la historia social de nuestro pueblo, Nando Otero Bernardo organizó y guió esta simpática marcha que discurrió por varias calles y también por varios caminos, con las paradas en aquellos enclaves con contenidos interesantes para nuestra pequeña (o grande, según los casos) historia. La convocatoria reunió a un nutrido grupo de participantes de distintas generaciones, algo que ayuda también a la finalidad de estos recorridos: divulgar entre los más jóvenes los antedichos contenidos y suscitar su interés por lo propio, por lo que nos envuelve. En cada exposición, Nando animó a la participación de aquellos que pudieran ampliar o precisar información. Con ello consiguió, además de refrendar su contenido, conocer otras versiones y aportaciones. Algo que resultó muy interesante y enriquecedor. Un paso más. Un acierto a sumar.
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1.- Ensanche de la calle Norte.
Primer depósito de agua sanitaria de Madrona
La primera parada tuvo lugar en el ensanche de la calle Norte. En los jardines de esta especie de glorieta, se levantó el primer depósito de agua sanitaria de Madrona. Eran notable mayoría los que no lo conocieron... Esto sirvió para repasar los usos y costumbres de un tiempo que, aunque parezca muy lejano, apenas es un instante. A esta conclusión se llega, sin ningún esfuerzo, cuando se sobrepasa cierta edad. Madrona nunca tuvo problemas por la escasez de agua. Pero había que ir a buscarla. El fracaso de los, al menos dos, lavaderos populares, mal construidos y peor gestionados originó que cuando en los estíos se secaban los ríos y fuentes, nuestras madres, hermanas y mujeres en general (eran tareas femeninas), tenían que ir a lavar la ropa a Ortigosa, a San Antolín... o allí donde se pudiere obtener agua clara y sana. En burro primero y después algunas en coche. |
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Nando
Otero en un momento de su exposición en el ensanche de la Calle
Norte
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2.- Calle San Antonio.
Antigua parada equina.
Parte
de la
información que hace al caso la tenéis en este enlace:
Ni qué decir tiene que la parte más numerosa del grupo, la de menor edad en este caso, no tenía ni idea de lo que es una parada equina. Tampoco la biología o veterinaria es su fuerte, por lo que nadie de este sector pudo responder a las preguntas sobre mulas y burdéganos. Me permito recordar que el mulo o la mula proceden del cruce de un burro con una yegua. Los burdéganos son el resultado del cruce entre un caballo y una burra. En los tiempos agrarios impulsados con fuerza de sangre, se prefería siempre las mulas y mulos a los burdéganos. Estos híbridos son estériles, en todo caso. |
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3.- Calle San Antonio.
Cárcel para presos republicanos durante la Guerra Civil.
Este pequeño relato es uno de los que contaba mi padre, Lauro Ayuso, por haber sido testigo directo de cuanto en el se cuenta. En la Guerra Civil Madrona fue una zona de retaguardia importante. El pueblo estuvo tomado literalmente por las tropas sublevadas hasta el final de la guerra. Ocupaban graneros, pajares, casas, naves, corrales y cuanto necesitaban lo tomaban sin más. Las guerras tienen estas extensiones. Además, a muchos vecinos se les requirió para ponerse al servicio de las tropas. Contaba mi padre que mi abuelo Natalio (su padres) echó cientos de portes con su carro y su yunta para abastecer de pertrechos, municiones y alimentos a las tropas del frente de guerra. Esto suponía abandonar las tareas de su agricultura, de sus animales y hasta de su familia. Fueron muchos vecinos los atrapados por esta misma situación. El frente empezaba en el mismo pueblo de Revenga y se extendía por la la cordillera central. Los mandos de los sublevados eligieron una casa del pueblo como cárcel para albergar a los reclusos republicanos. Las casa que fuera de Justo Cañas Llorente y Felicitas Bernardo Ayuso, en la actualidad de su familia, se encuentra en la calle de San Antonio. Por las ventanas inferiores salían gritos, quejas y lamentos de los presos que se estrellaban contra las burlas de sus vigilantes armados. Para los críos de ese tiempo, como mi padre que tenía 10 años, el tener que cruzar por allí siempre suponía un mal trago. Y no siempre se podía evitar. Todas las mañanas, desde la puerta de su casa, mi padre observaba la misma escena: Un grupo numeroso de presos en fila y atados con sogas o cadenas, eran conducidos por su calle, la calle Norte, hacia Peñas Gordas, El Hocino y otros enclaves para cavar las trincheras y construir las casamatas. Cualquiera que conozca estas trincheras, horadadas en roca caliza, puede hacerse una idea de la penosidad del trabajo allí empleado. Además, les obligaban a cantar himnos y canciones del bando sublevado cuando caminaban por las calles del pueblo. Al anochecer regresaban exhaustos a por su exigua ración de cena. En paralelo con la de España, creo que fue la época más ominosa de toda la historia de este lugar. |
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El
edificio mencionado utilizado como cárcel para presos republicanos.
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