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Rutas Sentimentales V

 

Los Guateques

 

 

Me pide el cuerpo que defina nuestros guateques creados a finales de los años sesenta, y que prolongaron su existencia hasta bien avanzada la década de los setenta, como islas de libertad surgidas entre mares de atraso y mediocridad, en mitad de océanos de cutrez y desolación.

Pero no es necesario tergiversar la verdad, ni siquiera disfrazarla.

Los guateques, es verdad, sí tenían una parte de esas islas, pero tenían otra no menos importante de escondite, y otra del salón que todos queríamos para nuestras casas: equipos de música con grandes altavoces, muchos discos, mucha música.

Y tenían otros componentes de fantasía, de expectativas y de lugar de encuentro sin el requisito de quedar, de actividad social.

Pequeños mundos en los que cada cual acudía para encontrar la medicina que le conviniera, un simple pitillo, a veces, o a buscar también una mirada muy soñada, concreta, y decisiva entre la actividad de los muchos ojos allí congregados.

 

 

 

Para muchos fueron sobre todo refugios.

Huíamos de Fernando Esteso, de Lola Flores, de Rocío Jurado, de Andrés Pajares, de Karina, de Manolo Escobar, de todas las canciones del verano; huíamos de Juan y Junior, de los cuarenta principales, del festival de Eurovisión, de Masiel, de toda la morralla que atronaba en las radios y televisores.

Huíamos de las monsergas y prohibiciones de nuestras casas; del parte, de Franco y del respeto.

Allí encontrábamos, con los altavoces a todo trapo, la terapia de unos ratos de sosiego y desahogo.

Una liturgia colectiva y repetida como actos de desagravio frente a la agresión incesante de los ruidos atronadores de la España más cutre y atávica.

A las letras en inglés de los que han sido los mejores grupos de rock del siglo (1), nosotros les poníamos nuestras letras imaginarias en ese idioma universal con el que se entienden las almas cuando se enamoran.

 

 

Timi Yuro

 

No es que fuéramos, o quisiéramos ser, hippies, no.

Los hippies estaban a años luz de nuestra situación, aunque no de nuestra mente: no tenían que segar cebada, ni trillar en la era, ni sacar basura, ni coger yeros, ni siquiera presentarse a examenes... pero sí envidiábamos sus privilegios: ellos asistían a conciertos al aire libre, fumaban marihuana y disfrutaban del sexo mientras nosotros sólo contábamos con una sola opción: ayudar en casa, cada uno en sus cometidos: tareas del campo, bares, huertas, obras... y fumar a escondidas Antillana, rubio dulce si lo chupas.

Envidiábamos lo que a nosotros nos llegaba como un atrevimiento de ruptura con la sociedad mercantilista y, por supuesto, seguíamos el gusto musical de esa corriente que nos metió en el cuerpo un rayo de luz.

 

 

 

Los guateques, además, ocupaban plantas bajas de casas antiguas, unas veces con pisos de baldosas de barro macizo y otras sin embaldosar, te acogían en verano con su oscuro frescor de adobe y humedad.

En invierno con un frío de corrientes y goteras, pero ¿quién tiene frío a los dieciséis años...?.

Allí acudíamos a experimentar múltiples sensaciones, entre ellas, la de que la música sonaba en exclusiva para nosotros, como un disparo que te acierta en el centro mismo de tu alma.

Envueltos por la música y cuando no era demasiada la afluencia, también se desgranaban con toda facilidad conversaciones y tertulias en un ámbito de libertad y naturalidad que en aquella época sólo se conseguían allí.

Al igual que para los chicos de ahora, también para nosotros la noche era aliada de nuestro ocio, y la utilizábamos y estirábamos cuanto podíamos los fines de semana.

Sabíamos que no transgredíamos nada, ni tampoco nos creíamos mejores ni peores, sólo intentábamos seguir los eslogan que lucían en las paredes del Factory, como ese de ...sé tu mismo, no uno más..., haz el amor y no la guerra..., people for peace..., y otros parecidos que llenaban de colores los muros jalbegados de cal blanca.

 

 

 

Fuera, en la calle, nos esperaba un mundo con el que no nos identificábamos, una época situada en siglos anteriores donde todo estaba prohibido, un mundo duro, absurdo, incomprensible, desalentador, tomado por la furia y el ruido.

 

 

John Lee Hooker

 

Menos mal a los guateques.

 

Timi Yuro

 

Tina Turner & The Ikettes

 

1) The Crystals, The Ronnetes, Led Zeppelin, Rolling Stones, Creedence Clearwater Revival, Deep Purple, Jethro Tull, Beatles, Camel, Chicago, Rare Earth, Yes, Santana, Allman Brothers Band....eran algunos de los grupos que junto con los grandes solistas blancos y negros como Bob Dylan, Lennon, George Harrison, Percy Sledge, Donovan, Joe Cocker, Janis Joplin, Ray Charles, Ottis Reding, Paul Simon, Art Gafunkel, Donovan, Melanie, E. Presley, Eric Clapton, John Lee Hooker...y otros que harían la lista interminable (casi todos los que grabaron con la Tamla Motown y Atlantic) se escuchaban preferente y repetidamente en los mejores guateques. También se escuchaba a Serrat, Mari Trini, Miguel Ríos y algún otro hispano que se colaba (más que nada para dar gusto a otr@s...).

 

 

 

Fernando Ayuso Cañas. Otoño 2003

 

...árboles para la vida....