| | El Soportal | ||
|
Plaza Mayor -- Rutas Sentimentales -- Pretextos -- Fotografías -- Genealogías -- Parajes |
||
Pretextos
Reinos Mochufas
Desde que en la obra Los Asquerosos, el autor Santiago Lorenzo describió los rasgos esenciales y puso nombre una nueva especie, presuntamente homínida, denominada por él con el término mochufa, dos comunidades de investigadores apreciaron suficiente materia prima dentro de un campo científico ignoto, por lo que iniciaron con total sigilo sus trabajos en torno a estos grupos de sujetos. Se trata de investigaciones llevadas a cabo con total discreción.
El
tema central de Los Asquerosos (novela muy recomendable por la oxigenación
que aporta, entre otros beneficios) no lo ocupa este colectivo, que aparece
de una forma colateral, aunque sustanciosa.
Una de estas comunidades es la científica. Los científicos sondean entre las disquisiciones que afectan a disciplinas como la biología en sus distintas especialidades, partes de la ciencia química y otras que surgen a medida que se avanza.
Se
están analizando cromosomas y cadenas de ADN de estos sujetos pero no
se harán publicas de forma oficial hasta que estén suficientemente
contrastadas, como es habitual en la investigación científica.
En cuanto a la taxonomía, a falta de confirmación, se ha comprobado en los laboratorios que estos individuos comparten casi un punto más de similitud respecto al de los chimpancés en la cadena de ADN. Es decir, si los humanos corrientes, por así decir, tenemos, un 98,6% de nuestro ADN idéntico al de los citados primates, el mochufa estándar alcanza el 99,4%.
Este hecho es el que ha llevado a los científicos a cuestionarse si estamos ante una subespecie humana, un eslabón perdido entre el homo sapiens y los neandertales que nos precedieron.
Otra línea de investigación trabaja sobre la posibilidad de que nos encontremos ante una evolución regresiva, no se sabe con certeza hacia dónde, respecto a la progresiva que experimenta el sapiens.
Morfológicamente, el mochufa no presenta diferencias que lo identifiquen como tal, ya que su hechura es prácticamente idéntica a la del humano común.
Este
factor juega a favor de aquél, toda vez que, si se lo propone, aunque
le cueste, podría asimilarse a la especie humana en la que se entremezcla,
si bien no tendría que hablar ni evidenciarse en ningún caso.
Mientras
la investigación científica avanza en total sigilo, es la sociológica
la más difícil de contener en idéntico silencio, por lo
que se describe a continuación.
Puesto que el trabajo de campo sociológico presenta menos condicionantes que el de laboratorio, los sociólogos acumulan registros de un sinfín de peculiaridades de esta subespecie simiesca.
Está confirmado que estas peculiaridades son compartidas allende los territorios, se dan como certeras y connaturales no ya a ciertos individuos sino a toda la subespecie citada.
También
se ha certificado el hecho de que en algunos países, los reinos mochufas
prosperan con rapidez, mientras en otros los mantienen a raya.
A primera vista llaman la atención sobre este colectivo mochufa varios factores.
Uno de ellos, tal vez el primero, es el de que quedan al descubierto en cuanto hablan, se mueven o ejectuen cualquier tipo de manifestación física.
En estas situaciones se aprecia con total claridad que son distintos a los humanos comunes.
Su comportamiento es random. Lo injustificado, lo inesperado, lo olvidado, lo superado, lo excesivo, lo desproporcionado, lo aleatorio y el sinsentido reinan con fuerza, autoridad y alegría en su mundo.
Son sus potencias.
Otro
es el reconocimiento: todos conocemos mochufas desde hace mucho tiempo pero
hasta ahora no sabíamos cómo nombrarles.
Por
ejemplo, se sabe, y en esta exposición cada afirmación ha de entenderse
en sentido general y, por tanto, con sus excepciones, que los mochufas provienen
de los cinturones de las ciudades, de sus periferias, de sus alfoces, de sus
polígonos industriales, de arrabales, de las llamadas ciudades dormitorio,
de sus termiteros y de cualquier tipo de conglomerado humanoide satelital.
De
otra parte, los sociólogos han constatado que el mochufa es capar de
entender y manejar con soltura aceptable hasta un total de 60 palabras; y también
puede llegar a comprender algunos contenidos de tele 5, por ejemplo, si su presentación
no es rápida.
Otra constatación es la de que el mochufa es un conquistador. Esta es una de sus principales características.
Necesita salir de su hormiguero urbano, del anonimato de las masas, para ejecutar conquistas en enclaves del medio rural.
Se debe fundamentalmente a que en los pisos de las colmenas donde habita, tiene más difícil dar rienda suelta a sus impulsos, a sus licencias y otros fallos de convivencia, de sociabilidad y de armonía, carencias connaturales a esta subespecie.
Y lo tiene más difícil por la sencilla razón de que choca contra sus iguales… y es en esos trances donde se miden los arrestos de cada cual, como bien sabemos.
También choca ahí contra los límites espaciales, físicos y urbanísticos que le impiden mostrar su esencia vital.
Aún
así, en cuanto el mochufa de piso recala en otro piso de un pequeño
pueblo despliega allí su actividad, con efectos demoledores para el resto
de la comunidad.
Y es que el mochufa es un conquistador, como decimos.
No de los que exterminan a los nativos, como los británicos en su día, que necesitaban el territorio exento de vida, por lo que exterminaron a todo bicho viviente, incluidos los bisontes, no; tampoco al estilo de los españoles, que conquistaban y convertían a los nativos con la cruz y la espada.
NO.
El mochufa se introduce en las comunidades nativas de buen rollo, como por colegueo.
Incluso en según que lugares, encuentran facilidades para instalarse por su forma de relacionarse: sociabilidad, cercanía, buen humor, optimismo, jovialidad, tan campechanos como el primero… algo que en el medio rural, en su mayor parte tan deprimido socialmente, no cae mal, al menos como novedad en un principio.
El
mochufa necesita un hábitat que no condicione sus ansias de expansión
y notoriedad, por eso elige enclaves rurales decaídos, en franco retroceso,
casi despoblados… porque es en estos solares donde despliega sus artes de conquistador.
¿Qué
hace exactamente el mochufa tipo?
Selecciona la localidad que percibe como favorable, por el aspecto, por los antecedentes, por el desapego de sus paisanos… y nada mas llegar empieza la labor de ganarse la simpatía de una parte de su población.
Compra o alquila una propiedad a precio de derribo, ya sea una finca, una casa, un cercado, una parcela, un corral grande, una construcción en ruina… y a partir de ahí comienza el despliegue de su concepción del universo.
Pronto
acarrea materiales de todo tipo; sin importarle un comino que sean de derribo
e incluso de escombrera, y enseguida empieza a levantar sus obras de arte.
La
taxonomía constructiva de los mochufa corre pareja a la estupidez de
la especie humana corriente, es decir, no conoce límites; por tanto es
inabarcable; imposible de acotar debido a las entremezclas y combinaciones de
cien elementos tomados de tres en tres, por ejemplo.
Se podría globalizar, con permiso de los arquitectos y sociólogos, como la más alta expresión de la calamidad antrópica.

Catástrofes
seriadas
El mochufa, a la chita callando y sin que nadie; reitero: nadie, le ponga límites ni condiciones, hace que surjan, en su infinita variedad, casetas, conejeras, perreras, pajareras, cuadras, cuevas, sotechados, cubiles, gazaperas, chamizos, cuchitriles, leoneras, cobijos, tabucos, zahúrdas, zaquizamis, cuartuchos, tinadas y otras composiciones a base de uralitas, chapas, plásticos y otros materiales de difícil identificación aunque, de entre todos ellos, siente una predilección irresistible, una atracción patológica en muchos casos, por el bloque gris de cemento, que el mochufa percibe como sillar catedralicio.
Otra
de sus debilidades son los muros de ladrillo ordinario sin enfoscar, que ellos
perciben como máxima expresión de arquitectura palaciega.
Las consecuencias de los despliegues de este arte están claras y se pueden nombrar de muchas maneras: catástrofe, cataclismo, devastación, hecatombe, caos, ruina, desgracia, hundimiento... es decir, adversidad y perjuicio por doquier.
Y, para sus linderos, vecinos y próximos geográficamente, entran en un estado de abatimiento similar a la que producen los actos de terror.
En realidad ejercen esta especialidad de terrorismo que, aunque sin pólvora, produce mayor y peor devastación, por cuanto es irreversible.
Las
instalaciones del mochufa conllevan inevitablemente y en todos los casos, la
devaluación y descapitalización de los terrenos colindantes. La
perdición.
Pero
aún puede ir a peor.
Los bombardeos sobre Camboya destruyeron enormes superficies del país, pero el tiempo los dejó atrás; hubo restauración, reconstrucción y en gran medida han recuperado su normalidad, tapando los cráteres, reforestando lo arrasado con el napalm.
Los daños psicológicos también van perdiendo fuerza.
Los mochufa superan en mucho los daños de Camboya, físicos y de todo tipo, y añaden otros agravantes a su instaurada calamidad.
Uno de ellos es su pasión por el barullo, los aullidos, los ruidos a gran volumen, las voces, el estruendo… vengan estos de donde vengan.
La
bulla no proviene sólo de la música a todo trapo, que nunca falta,
sino que se diversifica, como toda su actividad, en varios agarres.
Su afinidad y, podríamos decir, su proximidad genética con los reinos animales irracionales, hacen que más pronto que tarde empiece a formar su propio arca de Noé con ejemplares de su predilección, entre los que destacan los perros, ovejas, caballos...
Y a este carajal hay que añadir los muchos olores que traen sus descuidos sobre la atención a estos animales.

tem más.
Al mochufa le gusta hacerse notar.
Además de por todo este arsenal de despropósitos, también le gusta lucirse ante sus iguales y conocidos y por ello realiza constantemente convocatorias entre sus próximos, que acuden con el correspondiente despliegue de vehículos y barullo añadido.
Copan los espacios con sus trastos; propagan la música con un volumen que alcanza al territorio de media provincia, y empiezan las barbacoas, el alcohol, los alaridos:
- ¡¡¡Kevin, trae una cerveza a tu padre, haz algo…!!!
- ¡¡¡Yenifer, Seila, ayudar a tu madre con la bombona, ¿no ves cómo la arrastra?...!!!
-
¡¡¡Brayan, vete con Iker a por hielos, anda…!!!
¿Y cómo reacciona la comunidad de vecinos?
Aquí se diferencian al menos tres sectores.
Uno es el de aquellos que observan estas transformaciones con cierta simpatía; tal vez por aquello de que cuanto peor, mejor.
O incluso en su indolencia social piensan en el que se jodan (ojo a la leche de escobas de algunos paisanos).
En segundo lugar está el de los que supieron desde el principio que de aquellos polvos llegarían estos lodos.
Sector minoritario en extremo, pero que siempre tuvo muy claro como clasificar a los mochufa: chusma, gentuza, purrela, quinquis, morralla, gañanes, hampa, deshechos, garrulos… pero que al ser tan pocos nadie les tuvo en cuenta: los de siempre, poniendo faltas a todo… tuvieron que escuchar a menudo).
Finalmente el de los afectados, el de los que sin olerlo ni beberlo, les ha sobrevenido esta peste y ven como sus propiedades linderas o próximas a las de los mochufa, han perdido casi todo su valor.
Nadie las quiere.
Estos pueden enfocar su reacción en varias direcciones, todas con el mismo resultado: impotencia ante el estrago.
No pueden solicitar la intervención institucional, por cuanto no existe. No hay jurisprudencia sobre los mochufa.
No
hay caso. En cuanto a la respuesta social, por ejemplo de la vecindad, otro
tanto, por lo explicado del primer sector antedicho.
La situación de los perjudicados directos es la de una sombra luchando contra la pared.
Si ven como les aplasta la impotencia, si no pueden digerir este sinsentido, si no superan su desamparo, pueden entrar en un torbellino de sentimientos que, de prosperar, les llevaría directo a un estado de locura.
Por
eso les trae a cuenta mantener a distancia los sentimientos, si es que pueden.
El
panorama no puede clamar mayor desolación.
Si no sobreviene ningún terremoto o catástrofe natural liberadora, sólo queda la acción individual.
Aunque piensen en el napalm, o en los gases mostaza como medios de exterminio del mochufa, un momento de raciocinio en sosiego les lleva a la conclusión de que esta subespecie humana es muy resistente y puebla grandes áreas de las ciudades; en consecuencia con el exterminio de los próximos no bastaría.
Han sobrevivido a situaciones límite y están preparados para resistir.
Todo
ello sin considerar los efectos penales, claro.
Malo, malo.

Este año 2022 se habla con insistencia en todos los medios, ya sean escritos, verbales o visuales, sobre la España despoblada, la España vaciada.
Y lo califican como la peor plaga de nuestro siglo. Desde luego los corbatines y chanclines no tocan tierra.
Comentan, difunden, propagan sus sinsentidos en calidad de expertos, incluso los imponen allí donde pueden, pero no saben de la misa la mitad.
No
conocen el trabajo de campo, nunca mejor dicho.
¿Es una plaga que una localidad permanezca fiel a su origen, a la esencia que justificó su nacimiento?
¿Es
una plaga que tenga poca población?
Entonces, esas aldeas cercanas a la ciudad que, en un abrir y cerrar de ojos, han pasado de 150 habitantes, o 300, o los que sean, a varios miles en menos de una década, ¿eso no es una plaga?
Las mega urbanizaciones sobrevenidas en pueblos olvidados, los bloques de pisos, los colmenares humanos, la anarquía constructiva… sencillamente han acabado con esos pueblos, convertidos en pequeñas ciudades dormitorio, tributarias y dependientes siempre de la ciudad.
Y constan como humanos, pero ojo al dato, entre sus enjambres sobrevenidos medran también los mochufas.
¿Cuántos pueblos han desaparecido para siempre de esta forma tan arrasadora?
Basta
con fijarse un poco.
Y ¿qué ha pasado en aquellos enclaves donde la población mochufa supera en número a la originaria local…?
Reinos
mochufas.
Creo que con todo lo expuesto, y una comparación a conciencia de los distintos entornos y enclaves con y sin mochufas; con datos sobre el mercado y la cotización de los inmuebles así como de la calidad de vida que se experimenta en ellos, cada uno de nosotros puede hacerse una idea de los efectos de esta pandemia descontrolada y permanente.
Texto y fotos © Fernando Ayuso Cañas. Septiembre 2022.
* * *