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Pretextos
Sangarcía, de un tiempo a esta parte ... Publicado en EAS, 19 de septiembre de 2015

Entrada por la carretera que enlaza con Marugán
En el pueblo han terminado las fiestas patronales hace tan sólo unas horas y las calles lucen una limpieza relumbrante, hecha a conciencia.
Se han vaciado de coches y otros objetos sobrevenidos por esa circunstancia, y parece que se hayan redimensionado los espacios. Los edificios, en su práctica totalidad nuevos o reformados, recobran una presencia más contundente, y lucen altivos y enteros a vista completa.
Asimismo, han desparecido los olores propios que se alternan en los días de fiesta mayor, traídos por un júbilo colectivo y contagioso: olores a alimentos braseados, a limonada, a barbacoas, a churros humeantes, a las fragancias selectas que se propagan durante la misa principal y en su procesión, a los que desprenden los puestos de feria, a la caldereta y paella del último día, a la pólvora de los cohetes y los petardos, a los seductores aromas de los asados de cordero y cochinillo cuando los sacan del horno de la panadería y durante su traslado dejan un rastro de profunda apetencia que provoca los jugos de las glándulas salivares.

Hasta la llegada del ferrocarril, Sangarcía fue un pueblo de arrieros muy próspero, algo que se constata en todo momento en su arquitectura.
Ha desaparecido de esas mismas calles el tránsito de personas que cabría esperar a tenor del tamaño físico de Sangarcía y de su urdimbre de edificios.
Hace las mismas horas, rebosaban de familias, amigos y allegados venidos algunos de ellos desde muy lejos; de gente charlando, de pandas, de grupos espontáneos, de tertulias, de encuentros, de saludos, de besos y abrazos, de vecinos sentados a las puertas recibiendo saludos y observando cuanto movimiento alcanza su vista, de niños con sus bicis o sus juguetes...
Ahora son los gorriones los que se posan en su vaciedad para recorrerla con sus consabidos saltitos en total despreocupación, hasta que acude algún gato a dejarles bien claro quién manda en ellas a falta de otros pobladores.

Fachada de dos casas de mayor antigüedad.
Los sonidos también han cambiado: no se oyen nombres, ni gritos, ni charangas, no se oye a pequeños ni a mayores.
Han desparecido los sonidos festivos y hasta las campanas han enmudecido.
El pueblo ha vuelto a
su ser.
¿A su ser?
Sí, pero al de este año de 2015, que no cuadra en nada con un ser anterior pero muy próximo.
Por eso necesitamos conocer cuanto más mejor este pasado reciente, no para entender la actualidad, que puede resultar una pretensión imposible, pero sí para poder explicarla.
Teniendo en cuenta que en la primera mitad del siglo pasado superó ampliamente los mil habitantes, podemos concluir que en estos momentos está en una cuarta parte de la población que tuvo.
Este drama lo explica bien a las claras las cifras del Instituto Nacional de Estadística: Sangarcía contaba en 2008 con 443 habitantes censados, pero en 2013 su censo había menguado en 77 personas, es decir, sólo permanecían registradas 366.
Por el número de personas no se percibe el alcance de este drama, pero en porcentaje representa una hecatombe: el 17,38%. Una localidad que en sólo cinco años pierde ese porcentaje de habitantes tiene un gravísimo problema de despoblación. Es cierto que repasando las cifras de la provincia se comprueba que el mal es general, aunque en distintas medidas.
Casi todos los pueblos de su entorno han perdido población en este quinquenio: Muñopedro (-3,46%), Bercial (-4,24%), Adanero (-29,41%), Marazuela (-9,68), Santa María la Real de Nieva, con sus trece entidades locales menores (-20%), y se encuentran en una sangría de población similar, con la excepción de Marugán, que, con 654 censados, experimenta un crecimiento de un 5,83%.
La misma ciudad de Segovia perdió 2.547 habitantes, pasando de 56.856 a 54.309, lo que representa un -4,48%.

La iglesia, enorme, con tres portadas y con un órgano de incalculable valor, entre otros tesoros.
En las conversaciones de los mayores la desolación que suscita esta reducción es un tema recurrente porque no acaban de encajarla, de comprenderla, aunque conocen mejor que nadie las causas porque desde hace muchos años asisten cada día a esta mengua que tortura como una gota malaya.
Saben que en tiempos anteriores las despoblaciones eran consecuencia de pestes, guerras, plagas o a fenómenos apocalípticos de la naturaleza imposibles de controlar y de prever.
Ningún acontecimiento de los nombrados ha sucedido desde hace muchas décadas.
Ningún episodio violento o de fuerza, natural o humano se ha impuesto sobre nada ni nadie.
Se trata de cambios incruentos, sutiles, silenciosos, pero tan rápidos como las desgracias anteriores y con su mismo efecto devastador.

Paseo de la Ermita, dedicada a la devoción de San Roque.
Las dos piedras cilíndricas de granito proceden de antiguos lagares.
La mecanización del campo se encargó de dar el primer y más importante barrido de población a mitad de siglo pasado y la Unión Europea, con sus mandatos en materia agraria se encargó en el último cuarto de rematar el éxodo iniciado con la automatización de trabajos.
Ahora nadie discute si eso debió ocurrir o evitarse, porque todos lo dan por consumado.
En estas conversaciones tan recurrentes lo que se dirime, o mejor, lo que se lamenta, es que se cumpliera sin ofrecer alternativa, que se impusiera como una liquidación por derribo, como una pesca de arrastre.
Y concluyen que algo grave está sucediendo en nuestra sociedad, porque conocen muy bien cómo se vive en las ciudades.
Han visitado las grandes ciudades a las que emigraron sus hijos o parientes, y han tomado nota, y padecido tal vez, las aglomeraciones, los atascos, los termiteros humanos, la falta de espacio, de luz, incluso de oxígeno, mientras comprueban, en contraposición, tanto el vaciamiento de los pueblos como la desatención del campo: el derroche de la acumulación de pastos en los términos municipales porque no hay rebaños que los pastoreen; el mismo desaprovechamiento de recursos se produce respecto a los montes y pinares.
Uno de los carros montados por los Garcimartín.
De los más antiguos, ya que está matriculado en Sangarcía con el número 19.
Muchas de las familias que emigraron a otras ciudades no han perdido el vínculo con su pueblo natal y han reformado o construido casas cuyo buen gusto aporta al caserío renovación y prestancia; sin embargo sólo están habitadas escasos días del año, casi siempre en verano.
En estas conversaciones se desgranan todos los nombres y familias que emigraron y sale a relucir la gran actividad vital de los tiempos anteriores, los normales, aquellos en los que la mayor parte de las necesidades de los vecinos encontraban solución en los servicios, comercios e industrias radicados en el mismo pueblo, que abastecían asimismo a todos los pueblos comarcanos.
Esta particularidad contribuía no sólo a un mayor trasiego en calles y edificios, sino al mantenimiento de las redes de relaciones, intercambios y amistades con los vecinos de las localidades próximas.

Fachada del edificio que albergó a una las dos farmacias, en la plaza Mayor.
Y si la relación de nombres parece interminable, la de las familias que vivían de estos servicios también es larga y bien nutrida y da una idea aproximada de la situación de Sangarcía en esa época, un tiempo que a los más jóvenes puede resultarles lejano pero que desde una perspectiva histórica se puede hablar de anteayer.
En estas circunstancias de poblamiento y actividad económica, el disfrute de las fiestas también suponía un acontecimiento importante, pero su fin no daba paso a una situación de vacío como la actual, porque la vida continuaba, nadie se tenía que marchar a ninguna parte; las dos salas de fiestas reanudaban enseguida sus sesiones de bailes y, tanto las actividades de esparcimiento como las de brega se alternaban en el devenir de los días con sus noches.
Ahora no sólo se ha vaciado el pueblo sino que los que quedan son, en su mayor parte, gente mayor.
Y esta es una certeza cuya repetición y generalidad, ya que afecta a la gran mayoría de poblaciones de la provincia de Segovia, no la resta gravedad.
Algo que los semblantes de los supervivientes no pueden disimular, porque en ellos se refleja el desconcierto indigerible y sobrecogedor de tanta contradicción y el vértigo que les produce el ser los últimos habitantes que contemplan esta nueva imagen de su pueblo, un pueblo envasado al vacío.
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Relación de actividades comerciales, de servicios y otras en Sangarcía en la primera mitad del S.XX.
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Actividad
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Desempeño
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Observaciones
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| Albañilería | Justo Callejo , y su hijo Cecilio | |
| Eladio Callejo | ||
| Pedro del Pozo | ||
| Pedro del Pozo, sobrino de su homónimo | ||
| Federico Mayoral | ||
| Quintín Mayoral | ||
| Eleuterio Carrero | Empezó con Cecilio Callejo, hijo de Justo Callejo | |
| Heliodoro Garcimartín | ||
| Albardería | Simeón García, padre de Florencio, Gabriel y Policarpo | Iniciador de la actividad |
| Hermanos Florencio y Gabriel García | Emigran a Barcelona | |
| Policarpo García (vivía en santa María de Nieva) | Se traslada a Santa María la Real de Nieva, donde sus hijos continuaron la actividad | |
| Alfombras | Jesús Garcimartín (poco tiempo; también se dedicó a construir carros en su taller), sus hijos Bonifacio y Manuel también .Se fueron a Madrid . | Permanecen aun en los hogares de Sangarcía muchas de sus alfombras, de una calidad a toda prueba |
| Barbería | Ángel Garcimartín | Ejercían su oficio con una profesionalidad muy reconocida y valorada |
| Señor Estanislao (El Tío Tanis) | ||
| Bares | Alejo Delgado | Continúan su actividad los descendientes de Alejo |
| Nicolás Carballo (juanito el cohete) | ||
| Valeriano Garcimartín | ||
| Cal | El Tío Galo | Vendedor de cal |
| Caramelería, golosinas | La Tía Eva Garcimartín | Continuó su hija tomasa |
| Casa cuartel de la Guardia Civil | Se mantiene en la actualidad | |
| Comercio | Francisco Cid | Colmado en el que se vendía todo tipo de productos. Abastecía la demanda de los pueblos limítrofes. Aperos, comestibles, mercería, ropa, calzado, telas... |
| Carpintero | véase fabricantes de carros | |
| Carnicería | José de Gustín | También con tienda de ultramarinos |
| Celestino Garcisánchez - Teófila Esteban | Actividad continuada por su hijo Andrés hasta los años 70, aprox. | |
| Correos | Juanito El Cohete | |
| Ebanistería | Gabriel de Gustín | |
| Electricista | Fructuoso Gómez | |
| Esquileo de mulas | Paulino Maroto | |
| Fabricantes de carros y carpintería | Primitivo Garcimartín | Son parientes (hermana mayor de Jesús y Primitivo fue Trifena) y se trata de tres talleres independientes, también hacían encargos de carpintería. Cada uno de ellos tenían su propia fragua. |
| Alejandro Garcimartín | ||
| Jesús Garcimartín | ||
| Fabricación de chocolate artesanal | Félix Garcisánchez |
Actividad iniciada en la casa de Isidoro Hernando, primer molino de Sangarcía. Después se estableció Tiburcio Garcisánchez y la continuaron sus hijos Félix y Celestino, con dos molinos independientes. La última actividad la registra Andrés Garcisánchez, hiijo de Celestino, hasta 1985, aprox., cuyo molino es el único que aun se conserva. |
| Celestino Garcisánchez | ||
| Farmacia | Modesto Gómez | Cuñados (Juan Robina casado con una hermana de Modesto Gómez). Hoy existe una farmacia, sin vínculos con los nombrados. |
| Juan Rovira | ||
| Fragua | Jesús Carretero | |
| Primitivo Garcimartín | ||
| Mariano Llorente | ||
| Fuentes, lavaderos | Fuente Fina o Fuente del Horcajo. En el Camino de Marazuela, donde las naves de Fernando y Ramiro, hijos de Práxedes. |
Fuentes para beber y lavar. Agua natural de manantial, con nombre propio. Cada una de ellas tenía su brocal y dos pilas de granito para uso de los vecinos y sus ganados. Algunas de estas piedras han sido víctimas del saqueo y otras se conservan en espacios públicos. |
| La Serrazuela, en el camino de Cobos | ||
| La Barrranquera. En la pradera entre el camino de Laguna y el de Villoslada. | ||
| Pozo de La Calleja, en el Camino de Laguna, a continuación de la parcela de los hermanos Delgado Garcimartín (Jose, Marino y Petri) | ||
| Guarnicioneros | Isidoro (Civil) | Un hijo se dedicó en Segovia a la actividad de toldos. |
| El Tío Simón | Padre de Florencio y Gabriel, que continuaron el oficio. | |
| Herradores | Mariano Pajares | También veterinario |
| Nazario Garcimartín | ||
| Hornos de bollería | Arcadio del Barrio | |
| Antonio de Andrés | Padre de Conchita, esposa de Lauro, continuadores de la actividad durante algún tiempo. | |
| Enriqueta del Barrio (madre de Consuelo, Chelo) | Hija de Arcadio | |
| Hornos de pan | Afrodisio | Se le quemó la casa y emigró a Madrid |
| Toribio Domingo | Abuelo de Marcial | |
| Anastasia Rodríguez | ||
| Lucio Garcimartín | Hijo de Teodosiano, que empezó la panadería | |
| Lagares | El Tío Enrique Arteaga (hermano de Plácida y Rufina) En la casa contigua al taller de los hermanos Manolo y Mariano Garcimartín, y propiedad suya. | Las enormes piedras utilizadas con una pértiga para prensar, se exponen en espacios públicos de Sangarcía. Son cilindros de granito que se mantienen en perfecto estado. |
| Marcelino Rubio - Rufina Arteaga- Donde la casa de Jesús Mayoral | ||
| Donde
la casa de Úrsula Garcimartín (hija de Teodosia Soblechero) (en La Reguera, en la casa actual de Jose Delgado Garcimartín) |
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| Medicos | D. Eugenio, D. Elías | |
| Modistas | Cecilia García | |
| Petra García | ||
| Felisa Callejo | ||
| Molino harinero | Nicasio Martín | Permanece tal cual se cerró. Susceptible de objeto de museo. |
| Músico | Vicente Campante | Maestro en el arte de la guitarra |
| Parada equina | Ricardo García | Continuada por sus hijos Carmelo y Luis, hasta su desaparición en la segunda mitad del S.XX |
| Parroquia | D. Fulgencio Rosa, D. Anastasio, D. Ángel | |
| Patos, cría para las charcas | Varios vecinos | Para su abastecimiento particular, las familias guardaban, además de otros animales de granja, patos o parros que llevaban a la charca del mismo nombre. Cada grupo de parros regresaba a su casa sin intervención del dueño. |
| Piaras de ovejas | Francisco Cid y Cid | Rebaño de unas 400 ovejas |
| Francisco Llorente | Similar al de Paco Cid | |
| Valentín García | De unas 150 aprox. | |
| Celestino Garcisánchez | De unas 150 aprox. | |
| Eladio Marto (Gritos) | Entre 60 y 70 cabezas | |
| Pescaderías | Linos Pinto | |
| Mariano Delgado | ||
| Pintores | Jesús García y José | Jesús también fue sacristán |
| José (Hijo de Jesús y Teodora) | ||
| Posada | Julio Carballo | Su hijo Nicolás siguió pero sólo con un bar |
| Porquero | Agustín Profeta | Casado con Antolina |
| Practicante | Juanito de Fuentemilanos, casado con una hermana de Lauro e Isabelita. | |
| Sacristanía | El Tío Felipe, padre de Jesús García | Personaje del que se recuerdan, entre otros episodios, su forma peculiar de tocar al órgano, intercalando, en plena ceremonia religiosa, de forma aleatoria y sorpresiva, acordes y toques de canciones populares (la Parrala, la Raspa, etc.) |
| Sastrería | Pablo Herrero, padre de Felisa | Recorría los pueblos de alrededor, para recoger tarea. |
| Salas de baile | Valeriano Garcimartín | Con bar y frontón |
| Juan Rodríguez | ||
| Secadero de pieles | En casa de Vicente Montalvo hubo un secadero de pieles | Anterior a la época que detallamos, si bien los mayores recuerdan los hoyos donde se trataban las pieles |
| Taller mecánico | Matías Llorente (hermano de Julia, esposa de Primitivo Garcimartín) | Asistió a los agricultores en los bretes con sus primeros cacharros |
| Hermanos Mariano y Manolo Garcimartín Llorente (hijos de Primitivo) | Se mantienen las instalacines pero no la actividad. Este taller prestó innumerables servicios tanto a los vecinos de Sangarcía como a los de los pueblos comarcanos. | |
| Taxi | Matías Llorente | Combinaba ambas actividades: taller y transporte. |
| Tiendas de ultramarinos | Fabián y José de Gustín | |
| Leonarda, casada con Alejo Arribas | ||
| Tencas, cultivo en lagunas | La Barranquera. Entre el camino de Laguna y elde Villoslada. |
Como en algunos pueblos comarcanos, en Sangarcía se cultivaban tencas en estas dos charcas y se consumía este tipo de pescado fresco durante casi todo el año. Las charcas también aliviaban la sed de los ganados. Reportaje específico publicado en EAS |
| Charca del Estanque, en el camino de Marazoleja. | ||
| Veterinaro | Mariano Pajares | También herrador |
| Zapateros | Teodomiro Adanero | Padre de Alejandro, Manola,Pablo,Nipi y Marcelino. |
| Eugenio del Pozo | Hijo de Eufronio, también zapatero | |
| Román Velasco | Hijo de la Tía Eva; casa alta de 3 pisos al lado de la iglesia. |
La mayor parte de los vecinos se dedicaba a la agricultura combinada con ganadería, y el sector agrario era el que sostenía todas estas profesiones, su actividad comercial y los servicios.
Andrés Garcisánchez, de la tercera generación de la familia de los chocolateros.
Ejerció como tal hasta su jubilación y, la única actividad del chocolate que quedaba en Sangarcía, también cesó con él.
Aquí lo vemos en contacto con su viejo carro de varas, con el que él y sus antepasados recorrieron pueblos de varias provincias, llegando incluso hasta los de León, para vender la preciada mercancía.
La mayoría de estos oficios y actividades han desaparecido en sincronía con la mecanización del campo en una primera fase, y la integración en la Unión Europea en otra fase en apariencia más inocua pero igual de letal.
Al día de hoy, Sangarcía aún mantiene una buena oferta
de servicios que son utilizados tanto por sus vecinos como por los de los pueblos
cercanos.
Mantiene un patrimonio arquitectónico muy importante por ser un pueblo fundado por arrieros, y servicios e instalaciones entre los que se encuentran: una farmacia, un conjunto de edificios que integran el grupo escolar, el cuartel de la Guardia Civil, dos bares, una tienda de ultramarinos, un horno de pan, dos oficinas de banco, varios albañiles y pintores, un frontón cubierto, instalaciones de piscinas municipales, pistas de deportes, gasolinera, hospedaje en casa rural, almacén de cereales, dos puestos municipales para mercado, una sala wifi municipal con ordenadores de uso gratuito, entre otros.
Asimismo, las vías de comunicación se encuentran mejoradas y en perfectas condiciones.
© Fernando Ayuso Cañas
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