| | El Soportal | ||
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| Hornacina VII |
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D. Eleuterio Ayuso Casado |
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Madrona tiene registrados en su historia algunos hechos que, profundizando en su trascendencia social, en el beneficio que han supuesto para las generaciones que les siguieron, pueden llegar a estremecer. De entre todos los que se conocen, hoy repasamos uno de ellos que lleva firma con nombre propio, un episodio que contemplado en toda su magnitud puede resultar el más importante de nuestra historia reciente. Tiene un protagonista principal y otro colectivo, una mayoría de pobladores de Madrona que determinaron de forma prodigiosa el devenir de las siguientes generaciones y, en consecuencia, el del mismo pueblo.
Ninguno de nuestros vecinos antepasados era propietario de las tierras que labraba. También los anejos y caseríos estaban ocupados por familias de renteros que, independientemente de la suerte de la cosechas, abonaban una renta a los propietarios legales de tierras y casas, si bien ninguno de éstos residió ni poco ni mucho en el pueblo debido, suponemos, a su mejor posición social. Con estos juncos se tejió el cesto de nuestra historia durante siglos, y ésta circunstancia tiene mucho que ver con las causas de nuestro subdesarrollo particular, dado que un extenso término cuya variedad en recursos naturales (cuatro ríos, sotos, bosques, prados, huertos, viñas, tierras de labor…) nunca repercutió en justa medida en el desarrollo de las familias que lo trabajaban.
Son numerosas las escrituras de tierras y edificios que señalan como colindante propiedades del Conde Puñonrostro. El hombre que ostentaba este título en aquella época, probablemente Ricardo Arias Dávila y Matheu Bernaldo de Quirós, que accedió al título en 1898, vendió a Dª Valentina Romero Gilsanz y D. Mariano Sáez Romero las tierras pertenecientes a Madrona, excluidos caseríos y anejos, y aquí es donde comienza nuestra historia. O, mejor dicho, el cambio de nuestra historia.
El negocio tocaba las fibras del alma, los anhelos de todo labrador, pero se presentaba poco menos que una quimera. Las familias de Madrona no tenían ahorros de ninguna clase. Sólo contaban con la fuerza de su trabajo y, en los mejores casos, con su buen hacer como agricultores. Labrar el campo de esta parte de Segovia siempre fue duro tanto por el clima como por la calidad del propio terreno que, aun dedicándole el mayor esmero, se muestra bastante ruin con las cosechas, así que nuestros antepasados bastante tenían con sacar adelante a sus largas familias, objetivo que no siempre se cumplía. La mortalidad infantil era muy alta. Por lo tanto, su situación financiera, por así llamarlo, se mantenía en los límites de la subsistencia.
Ocupaba el cargo de secretario del Ayuntamiento de Madrona en esa fecha Don Eleuterio Ayuso Casado. |
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Las cuentas no cuadran
Para que también hablen los números, números traemos. El jornal de un agricultor era de una peseta al día. La huebra, que consistía en unas ocho horas de trabajo en el campo con una yunta, se pagaba a una peseta. Una obrada de tierra de labor costaba en aquellos años 500 pesetas. Esto da una idea de lo cara que estaba la tierra. Este precio tan elevado la hacía prácticamente inasequible. Un año entero de trabajo, suponiendo que todo lo cobrado se pudiera destinar a comprar tierras, no daba ni para una obrada.
Y
aquí es dónde cobra relevancia histórica don Eleuterio
Ayuso, porque él fue quien promovió, organizó,
facilitó y finalmente hizo posible que las tierras de Madrona
pasaran a ser propiedad de los que hasta ese momento sólo eran
sus renteros. Así figura detallado en un mapa de la época elaborado por encargo de Valentina y Mariano y que se custodia en el edificio del Ayuntamiento. El precio de venta por obrada se fijó en 500 pesetas, por tanto el precio total rondaba el millón; ésta es la cifra que hacían circular los labradores de Madrona. Puede existir variación respecto al coste real, ya que no se dispone de documentación oficial que detalle los números de esta venta. En cualquier caso, una suma de auténtico disparate, atendiendo a la, digamos, capacidad adquisitiva de nuestros antepasados labradores en aquellos años, precaria como ya se ha dicho. |
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Y en este momento tan grave es donde entra en acción nuestro personajes porque los agricultores, impulsados por don Eleuterio, no se arredraron y se movilizaron cuanto pudieron para conseguir préstamos, caros y además difíciles de obtener. Lógico en cualquier época de la historia ¿quién presta dinero a un pobre…?. La diferencia en este caso es que pedían dinero para transformarlo en tierras de labor, pero esto a los prestamistas no les dice nada. Y aquí tenemos a nuestro hombre en acción empleándose a fondo en los trances más difíciles: hizo gestiones en la ciudad de Segovia para encontrar financiación, y como esta no fuera suficiente, viajó hasta Madrid, dónde también consiguió préstamos para los compradores. Al principio de la operación resultaba imposible que las cuentas cuadraran, pero a medida que el acierto de los movimientos de Eleuterio daba resultado atrayendo nuevos préstamos, el negocio se iba viendo como más alcanzable. Hasta que respondieron que sí, que tenían el dinero y que se iban a por las tierras. La parte más difícil estaba salvada. |
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Una vez concertada la compraventa, había que materializarla. Había que hacer tangible lo que hasta ese día desde muchos siglos atrás sólo fue una ilusión. Don Eleuterio y otros labradores organizaron la venta elaborando conjuntos de tierras en lotes de una cuarta. Cada cuarta tenía 40 obradas, veinte a cada hoja, y estaba identificada con un número: Todo ello precedido de acuerdo y conformidad, como garantía de aceptación. En documento aparte se relacionaban las tierras concretas que contenía cada número. La adjudicación se llevó a cabo mediante sorteo, cada número tenía asignado una cuarta y así, sin trampas y sin manos negras, el contenido de cada cuarta estaba promediado y compensado en cuanto a calidad y ubicación en los distintos parajes del término y cada lote fue acordado y aceptado de antemano por sus destinatarios.
Don Eleuterio era nombrado comúnmente como "El Tío Secretario" pero esa malicia popular tan arraigada en determinadas gentes de los pueblos no le privó de mote, y a nuestro protagonista le adjudicaron el de "El Tío Cabezota". Así le nombraban algunos, a sus espaldas, supongo. Deduzco, por lo que me cuentan y cómo me lo cuentan, que es un mote a contracorriente, no peyorativo, como lo sería en su lugar el de cabezón… cabezota por su inteligencia y por su capacidad de llevar a cabo operaciones de esa importancia, con tanta gente implicada con tantos intereses y dineros y, sin embargo, sin conflictos ni pleitos de ninguna clase. |
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El que nuestros antepasados salieran airosos de esta empresa fue un orgullo para ellos y lo es hoy día para nosotros. Desde entonces dejaron de ser renteros para ser dueños de las tierras que labraban lo que cambiaba radicalmente la historia. Pagaron un precio desorbitado y se dieron casos de quiénes, a pesar de todos sus sacrificios, no pudieron culminar este reto debido a la imposibilidad de cumplir con las deudas contraídas y, en consecuencia, se vieron obligados a vender, arrancándoselas del alma, sus tierras.
En cada documento figuraban las firmas del comprador, vendedor y la suya, revestida de máxima autoridad notarial. A aquellos documentos se les atribuyó una validez jurídica similar al de una escritura pública, no encontraron controversia alguna y han resultado de gran utilidad. Era un hombre de palabra y su labor como secretario también la ejercía con seriedad. Entre sus funciones estaba la de tallar a los quintos para el servicio en el ejército. |
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A por Bernuy de Río Milanos, Bernuy
Muy poco tiempo después de este cambio prodigioso, surgió una nueva propuesta tan atractiva como la anterior: el dueño del caserío de Paredones vendía ese término y se lo ofrecía a nuestros agricultores. Precio: un millón de pesetas. También aquí las cifras varían según las fuentes no me ha sido posible dar por segura ninguna de ellas. Unos testimonios hablan de un millón, otros de 650.000 pesetas y otros de 360.000. Sin embargo en esta ocasión aparecen elementos nuevos de otra verdad, más complicada.
Muchos de los agricultores que habían participado en la anterior operación no estaban en situación de asumir nuevas deudas, pero sí había algunos decididos a aprovechar esta nueva oportunidad, entre ellos el propio Eleuterio, Heliodoro, Anselmo, Frutos, Faustino y otros. Y aquí es donde aparece el tío Basiliso, al que le cabe el triste mérito, según las versiones escuchadas, de poner un tanto de su parte para impedir esta operación. Basiliso estaba empleado como capataz de Paredones y tenía a su cargo la gestión de los arriendos y asuntos de este caserío. Temiendo la pérdida de su empleo, atemorizó a los posibles compradores del pueblo advirtiéndoles de una futura pérdida de esas propiedades y algunos otros males añadidos si se empeñaban en comprar las tierras de ese término, también conocido como Bernuy de Palacios.
Dado que el término se vendía en su totalidad como unidad indivisible, resultó de todo punto imposible que algunos, lo que mejor podían, se quedaran con partes separadas. Ahora en tertulias de plaza muchos convecinos aseguran que, de haberse comprado, los de Madrona seríamos ricos. Y nadie que conozca el término puede contradecir esta afirmación, porque este caserío contiene excelentes prados, vegas, sotos, tierras de labor de buena calidad, ríos… Finalmente el término del caserío de Paredones, se vendió, claro que se vendió, y fue comprado por D. Agustín Hernández Vinuesa. |
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Don Eleuterio Ayuso sigue en el pueblo unos años más, y en 1946 le sucede en la Secretaría municipal Silvano López, pero su rastro se pierde cuando traslada su residencia a Madrid. Llegados a este punto nos faltan datos y nos sobran interrogantes. Lo cierto es que al poco de instalarse empieza a vender su hacienda: unas trescientas obradas de tierras, y de entre ellas muchas de muy buena labor, pero a un ritmo que a los vecinos les desconcierta y, a falta de información fiable, les llena de sospechas. Las compran los labradores de Madrona. Y aquí entra ya lo particular, lo que a él sólo incumbe, pero forma parte del comentario social. Todos los actos de un hombre de su notoriedad acaban teniendo, se quiera o no, protagonismo y resonancia en los mentideros. Se conoce y comenta que en la villa y corte se había echado una novia (conocida como La tía perdida) con una hija, y que entre ambas estaban devorando el patrimonio de nuestro secretario, que termina por vender todas sus pertenencias de Madrona. |
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Pero su vida privada, que sólo a él concierne, no empece su labor como secretario ni empaña la magnitud del episodio histórico que hoy comentamos, porque tan cierto es que don Eleuterio vende todo su patrimonio como el de que no tiene hijos, y como el de que tampoco tiene que rendir cuentas a nadie de lo que hace o deshace con lo suyo. Precisamente esta circunstancia de no tener familia amerita aun más su interés por favorecer al conjunto de agricultores de Madrona, aun a sabiendas de que, en su caso, este beneficio no trascendería a ningún hijo suyo. Todos los testimonios que aun encontramos sobre don Eleuterio por parte de quienes le conocieron coinciden sin contradicción alguna en su valía, en su capacidad. Esa unanimidad de criterio respecto a cualquier personaje no se da con frecuencia y eso es lo que cuenta. Eleuterio es un ejemplo de que la inteligencia y el desempeño de un cargo público cuando se ponen al servicio de la colectividad dan estos resultados. Para tomar nota. Podemos suponer, y entramos en el plano de la especulación, que el no poder comprar para los labradores del pueblo el término de Paredones supusiera para él una frustración personal y que ayudara a dar por cumplida una etapa al frente del Ayuntamiento. Una etapa determinante para nuestra historia. Sí conocemos cómo murió. Se encontraba tomando un café en una cafetería de Madrid y de repente cayó fulminado por un fallo de su organismo. No saben mis relatores, quienes lo conocieron, si la causa fue un derrame o un infarto, nos importa poco, porque en cualquier caso, resultó letal. Pero su gran obra ya estaba culminada. Esta es otra de las personas únicas de Madrona. Hay muchas más y las iremos subiendo poco a poco. Pero ahora este agradecimiento y esta hornacina son un homenaje a la memoria de don Eleuterio. |
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Fernando Ayuso Cañas. Agosto 2011. |
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