Te
saludamos con mucha alegría, Santo Cristo de la Salud
de Madrona.
Las
puertas de tu ermita un año más se han vuelto
a abrir solemnemente para encontrarnos contigo y tu con nosotros,
para que saliendo de tu ermita, vengas visitar otra vez a tu
pueblo, para vivir juntos estos nueve días en una especial
relación.
Una
año más hemos esperado estos días, con
la ilusión de niños, que un día jugamos
y crecimos a la sombra de tu ermita.
Creemos
que tu también tenías ganas de vernos desde cerca
un año más, de mirarnos, de oír nuestra
respiración y los latidos de nuestro corazón,
de escuchar nuestras palabras desde cerca.
Por
eso te volvemos a acoger en nuestro pueblo y en nuestra iglesia,
para que pases estos días con nosotros.
Esto
es lo bonito de esta novena, de estos nueve días en Madrona:
el Cristo con su pueblo y el pueblo con su Cristo.
Y
visitarás nuestro pueblo, y andarás por nuestras
calles, y visitarás nuestras casas, y bendecirás
a nuestras familias, y nos sonreirás a cada uno y a cada
una, porque tú, el Cristo de la salud erres de todos,
y todos somos tuyos.
Y
en tu pequeña ermita y en tu iglesia de Madrona cabemos
todos, sin distinción.
Nuestros
antepasados te pusieron por nombre Cristo de la Salud.
A
nosotros también nos ha gustado siempre llamarte así
y tratarte con ese nombre.
Porque
la salud es lo que más queremos.
La salud total: física psicológica y espiritual.
Lo
que más nos entristece y nos agobia es la falta de salud.
Cristo
de la Salud de Madrona, tu nos contaste la parábola del
buen samaritano para enseñarnos cómo tenemos que
cuidarnos unos a otros, cuando estamos enfermos.
Pero
tu eres nuestro gran samaritano.
Bien
ganado tienes ese nombre, porque en aquellos caminos de Palestina,
según nos cuenta el evangelio, devolviste la salud a
muchos y consolaste a todos.
Ocurre
lo mismo en nuestro pueblo, donde siembre vivimos los momentos
más difíciles y de enfermedad mirando hacia ti,
hacia tu ermita y sintiendo la paz de quien se sabe en buenas
manos, las tuyas, Cristo de la Salud.
Cada
día de esta novena, vendremos a hacerte este sencillo
saludo y decirte:
Cristo
de la Salud, háblanos, te escuchamos.
Cristo
de la Salud, escúchanos, te hablamos.
Amén.