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Anecdotario XVII
La Caída del Imperio Romano
Tomas falsas
Casi
todo el mundo sabe que la película estadounidense La caída
del imperio romano se rodó en España, pero muy pocos conocen
el motivo de que la todopoderosa industria cinematográfica de los EE.UU.
viniera a rodarla aquí, obviando las innumerables ventajas que tenían
en su país.
Yo tampoco lo sabía hasta que participé en una interesante y recomendable visita guiada al Palacio de Riofrío, que cuenta con extraordinarias profesionales para este tipo de visitas.
La esencia del asunto es una cuestión
de lealtad, de fidelidad, protagonizada por José Luis Benedito,
taxidermista y autor del museo de caza de dicho palacio.
Este hombre, insuperable maestro en su arte, trabajaba en Estados Unidos para algunas de sus gigantescas productoras cinematográficas cuando recibió el encargo desde el gobierno de España de montar un museo de caza instalado en el antedicho palacio.
Ante esta propuesta, decidió renunciar a su trabajo, a su posición y a sus enormes ingresos en los Estados Unidos, para cambiarlo por la creación en el Palacio de Riofrío de las múltiples vitrinas que hoy podemos admirar en la edificación de los Farnesio.
La productora intentó retenerlo pero él rechazó cualquier oferta.
Como era un profesional muy valorado y
no quisieron perderlo por ningún motivo, la productora decidió
nada menos que trasladar el rodaje a España sólo por no perder
los servicios del Sr. Benedito.
La película se rodó durante el año 1964 en varios lugares de España, pero las escenas con mayor participación de extras se rodaron en el término de Valsaín.
Se publicaron unos anuncios en Segovia solicitando la participación de centenares de extras.
La retribución diaria por esta participación era sustanciosa, y más aun considerando las condiciones de subsistencia de aquella época.
Así que de Madrona se apuntó un grupo numeroso de hombres de todas las profesiones aunque labradores en su mayor parte.
Dado que se contrataron por cientos, allí había gente de muchos otros pueblos y, por supuesto, de la misma ciudad de Segovia.
Cámara: ¡¡ acción
!!
A nuestros sobrevenidos actores madronenses les contrataron para hacer bien de bárbaros, bien de romanos.
En Madrona sólo existían los coches de los hortelanos Ángel, Matito y Carlos, aquellas robustas DKW que tan buenos servicios prestaron, y pocos más.
El caso es que uno de los transportistas de actores fue Mariano Sacristán Matito.
Éste fue uno de los que más
rendimientos obtuvo de este rodaje, por cuanto cobraba a cada actor su
billete por los traslados de ida y vuelta y, además, actuaba indistintamente
de romano o de bárbaro, según el día.
Aun así, su pasión por los naipes, hacía que, junto con Ezequiel García de Miguelsanz y algún otro, se escaqueara entre los pinos de los montes de Valsaín para jugar partidas de cartas con los de Zarzuela.
Hasta que un día descubrieron sus reiteradas timbas y los advirtieron de que, en caso de reincidir, perderían todas las pagas como actores.
Con esto se acabó la vaina con
las estampas de Heraclio Fournier.
Otra particularidad de estos actores repentinos era la que nadie quería hacer de bárbaro, porque, además de vestir peor atuendo, se pasaba mucho calor, tenían que calzarse unas pelucas cuyos largos y alborotados pelos se les metían por la boca, por los ojos… y frustraban lo que podría ser un buena actuación de nuestros artistas.
Cuestiones con los gitanos actores
Entre los muchos extras segovianos contratados,
estaba un nutrido grupo de gitanos con los que hubo varios problemas en el momento
del rodaje.
Algunas de las escenas referían las luchas cuerpo a cuerpo entre romanos y bárbaros.
A los participantes se les instruyó acerca de cómo tenían que resolverlas, y de entre todas las indicaciones, la principal fue que bastaba con amagar los golpes, para no herir a los contrincantes; algo muy sencillo de entender.
Bien pues los gitanos, no se sabe si por no entenderlo o por la causa que fuere, el caso es que con los garrotes que les equiparon para estas escenas, golpeaban de verdad al contrincante que le tocara en suerte, con lo cual nadie quería actuar con ellos.
La huida del contrincante despavorido, y herido en ocasiones, suponía detener la grabación y estropear lo que hasta en ese momento se había registrado.
Estos episodios con los gitanos se repitieron
en múltiples ocasiones y supusieron un dificultad añadida.
No sé cómo se resolvieron
aunque, en buena lógica, yo los habría puesto a luchar entre ellos
mismos, unos en papel de romanos y otros en el de bárbaros, y así
esas escenas ganarían en realismo y autenticidad.
Rodaje ¡¡ STOP !!
Para algunas secuencias de batallas, se
necesitaba rodar escenas de lo que sigue a los enfrentamientos, por lo que se
les ordenó a estos actores agrarios que debían permanecer tumbados
sobre la tierra, en la disposición que les mandara el regidor, sin moverse,
es decir, actuar haciéndose el muerto, hasta el momento que se les indicara
otra cosa.
Bueno, pues por algunas actuaciones particulares de los del grupo de mi padre, y puede que de los demás también, se tuvo que interrumpir el rodaje varias veces debido a que no permanecían quietos ni a la de tres.
Tal vez pensaran que era un dinero demasiado
fácil, ganarlo así, por no hace nada, tumbados no más...
y que debían aportar algo más de su parte; o que era poco papel
para ellos, o simplemente por enredar, que es lo que a mí más
me cuadra, dada la juventud de los actores, el caso es que por no estarse quietos
estropeaban cada toma una y otra vez.
En un momento se acercó el regidor
a este grupo, harto de tanta interrupción y, sin poder ocultar su desesperación,
les espetó:
—Hay
que joderse, que lo único que os mandan es estar tumbados, quietos, y
ni siquiera eso podéis hacer, copón.
* * *
Orgulloy pasión
Otra de las grandes producciones rodadas, en parte, en Segovia fue Orgullo y Pasión, en 1957.
En ésta, como en la anterior, también trabajó Sofía Loren, y asimismo muchos extras.
Para una de sus escenas, se eligieron unos promontorios rocosos del término de Escobar, a los que en teoría debía subir esta actriz para arengar, aunque más bien se concretó en dar un grito de aliento para motivar a los luchadores. Pregunté a mi padre si la habían visto.
Me respondió que para la mayoría de las escenas que rodaron en Segovia, y sobre todo cuando eran tan campestres, lo hicieron valiéndose de sus dobles.
Naipes escaqueados del celuloide
Para acudir
cada día al tajo en Valsaín, varios extra de Madrona, entre ellos
mi padre, convinieron Mariano Sacristán Sanz (+2001, 73 años),
sus traslados de ida y vuelta en la furgoneta DKW que éste tenía
para servicio de su huerta. No sabemos cuánto le pagaban, pero según
mi padre, equivalía a otro buen jornal.
Sin embargo, entre las pasiones de Matito, que así se le nombraba aquí, estaba la del juego de naipes.
Algo que puedo testimoniar porque era incondicional del Bar Plaza para sus largas sesiones de cartas con sus correspondientes pagos en dinero.
El caso
es que, como las pasiones no se pueden ocultar, ni neutralizar, pronto contactó
con otros extras con la misma afición de otros pueblos y, llegado el
momento elegido, se escaqueaban del rodaje como extras para ir a jugar, escondidos
en el monte, sus buenas partidas de cartas.
No estoy en condiciones de precisar cuántas jornadas vencieron los naipes al celuloide, pero el caso es que llegó un día que los pillaron en plena partida.
No hubo
represalias de ningún tipo, pero sí la advertencia de que si reincidían
perderían el dinero del rodaje, con lo que, sopesados pros y contras,
traía a cuenta trabajar como actor para Hollywood antes que echar unas
partidas de tute o subasta.
Cuando analizábamos este pasaje en las tertulias familiares analizábamos la situación también con este enfoque: Matito se sacó, hasta que les pilló el regidor, tres sueldos: el de la productora norteamericana Samuel Bronston Productions; el de "los billetes" de transporte con la DKW y el de las cartas.
O dos, porque no sabemos a cuánto ascendían las apuestas, más otra cantidad por ganancia en las partidas.
Aunque esta última cabe cierta posibilidad de que fuera una paga inversa; en caso de perder; una mengua de las anteriores.
Cierto,
pero por conocer bien, incluso muy bien, a Matito, puedo afirmar con certeza
que nunca jugó a perdedor.
En ninguna faceta de su vida.
* * *
Aquellos días de rodajes, plenos de anécdotas, se vivieron con mucha alegría por lo nuevo e interesante de una actividad que vino a alterar las monotonías labriega y aldeana, y también porque se ingresaron en Madrona unos cuantos duros, bastantes, que así es como se calibraban las pagas recibidas, muy fáciles de ganar y muy provechosas para las economías familiares.
* * *
Fotografías obtenidas de internet
Fernando Ayuso Cañas. Marzo 2020